El bosque de la memoria ha evolucionado a lo largo de aproximadamente cuatro años, marcados por un continuo diálogo, talleres y reflexiones. El proyecto busca plasmar un proceso enmarcado en el acuerdo de paz con la comunidad de San José de Fragua , convirtiendo las conversaciones en símbolos y dispositivos que se integren armoniosamente con el paisaje y las condiciones físicas del territorio, que forma parte de la Amazonía del Orinoco.

La iniciativa está liderada por la GiZ – Cooperación Alemana, en colaboración con la alcaldía local de San José del Fragua y consultores externos contratados como Puente Consultorías culturales quien hizo equipo con Coonvite Arquitectura Cooperativa para el desarrollo técnico y arquitectónico del espacio.

El enfoque del proyecto es transversal, incorporando procesos participativos que involucran a la mesa de víctimas de San José del Fragua y al colegio Don Quijote, que alberga el museo.

Es un ecosistema muy bonito, construido alrededor de esa conversación sobre cómo imaginar un territorio en paz y cómo preservar la memoria para que el ejercicio prospectivo contenga todos los ingredientes necesarios, brindando una visión para las futuras generaciones. Se puede describir como un ecosistema de paz o concepción de paz que ha evolucionado hasta materializarse en arquitectura después de un extenso diálogo y la realización de numerosas actividades, marcando el culmen de esa conversación y abriendo nuevas posibilidades de diálogo.

Panrris- Juan Miguel Duran

Características arquitectónicas:

En este bosque de la memoria, los árboles emergen como protagonistas, sembrados por la comunidad para representar la vida y su cuidado. Las piedras, desde canto rodado hasta cemento, dan forma a bancas y elementos arquitectónicos, creando un paisaje que dialoga con la memoria del territorio.

El elemento crucial en la configuración del espacio son las piedras; piedras de canto rodado, variando en tamaños entre 20 cm, algunas un poco más grandes o más pequeñas, desde piedra molida hasta el mismo cemento concebido como una transformación de materia a material. Estos elementos permiten la elaboración de todos los dispositivos y componentes arquitectónicos que componen el Bosque Museo de la Memoria.

La interacción entre estos elementos naturales y las condiciones paisajísticas crea un ambiente de sutileza y tranquilidad. Los árboles simbolizan la perspectiva futura, mientras que las piedras, a menudo denominadas “las abuelas” en muchas regiones, encapsulan la memoria. Estas piedras albergan historias de procesos y encuentros, cargando la memoria del territorio.

Entre estos dos elementos, surge la sombra, la luz y el agua, creando una armonía en el tiempo. Este entorno poroso favorece la aparición de musgo, líquenes y otras formas de vida, beneficiando la biodiversidad y complementando la experiencia del Bosque Museo de la Memoria.

La arquitectura del lugar se integra de manera excepcional con el paisaje, siendo también estimulante para los sentidos. El sendero, bordeado con piedras de canto rodado y gravilla organizada, produce una experiencia sonora única al caminar. El diseño acústico, táctil y visual se convierte en un estímulo para los sentidos, creando una conexión especial con el entorno.

Para complementar estos recorridos, se incorpora un kiosco cuadrado a cuatro aguas. A pesar de un presupuesto limitado, se logra maximizar el espacio girando la loza, creando una forma que magnifica la tipología del kiosco. El resultado es un espacio cubierto y atractivo, construido con concreto y madera, ideal para conversaciones y reflexiones en medio de este bosque de la memoria. 

La materia al material:

La transformación de la materia en material representó un paso significativo en el proyecto. Se llevó a cabo la conversión de la piedra en concreto, empleándolo en dos elementos clave.

En primer lugar, se utilizó para crear los moldes necesarios para la construcción de bancas. Sin embargo, el componente más distintivo y especial consistió en huellas de 90 cm de diámetro, cada una marcada con fechas significativas. Estas fechas fueron seleccionadas en diálogo con la mesa de víctimas, la comunidad del colegio y el colectivo en general del bosque, abarcando momentos clave en la historia del conflicto y del acuerdo de paz.

Estas huellas, dispuestas estratégicamente, no conformaban un sendero convencional, sino que se presentaban como pistas a descubrir. Otro elemento esencial consistió en 48 botas macizas, vaciadas en concreto, cada una con su simbolismo único.

En un proceso participativo, se vertió cemento en las botas, utilizando estas como moldes temporales. Una vez desmoldadas, las botas de concreto se integraron en el paisaje, simbolizando el vaciado de cargas emocionales y experiencias dolorosas, convirtiéndose en elementos que se encuentran a lo largo del recorrido.
Sobre el territorio:

Ubicado a 45 minutos de Florencia en Caquetá, el proyecto se desarrolla en un paisaje fascinante habitado por una comunidad diversa, que ha enfrentado los desafíos del conflicto.

La comunidad local describe el lugar como la manigua, el espíritu bondadoso de la selva que nos abraza mientras trabajamos. Es un entorno inspirador para nuestro proyecto.

 Panrris, Juan Miguel Duran

A pesar de los retos, el enfoque de autoconstrucción y reflexión, junto con la colaboración entre el equipo técnico, la GiZ y la comunidad local, ha permitido lograr mucho con recursos limitados.

En su fase inicial, el Bosque de la Memoria abarca 1500 m², siendo un prototipo vivo que marca el camino para el desarrollo futuro en sus 4000 m² restantes. Este rincón, tejido con historias y esperanzas, demuestra que, incluso con presupuestos limitados, la creatividad y la colaboración pueden dar forma a un espacio lleno de significado y promesa. 

 


Lugar: San José del Fragua – Caquetá 

Actores: Institución educativa  Don Quijote, Mesa municipal de víctimas, Alcaldía san José del Fragua, Cooperación alemana.

Museografía: Puente consultorías culturales 

Arquitectura: Coonvite arquitectura cooperativa