PEMP Cartagena: Carta al Alcalde de la ciudad

La Sociedad Colombiana de Arquitectos, como parte del Consejo Nacional de Patrimonio del Ministerio de Cultura, entidad a la que le corresponderá aprobar el PEMP de Cartagena, envió una carta a la Alcaldía de la ciudad, con algunas sugerencias que se consideran útiles para aprobar e iniciar su implementación.

La carta firmada por el Arq. Flavio Romero Frieri, Presidente Nacional de la SCA, manifiesta el interés de un PEMP viable que cumpla con mejorar la calidad de vida en el centro histórico, desarrollar un modelo de manejo integral para conservar y proteger el patrimonio tangible e intangible, fortalecer la identidad cultural y avanzar en la equidad social.

Arquitectura bioclimática para fomentar el ahorro en los hogares

Siguiendo costumbres indígenas, el sector busca aprovechar y potenciar las características del entorno para diseñar nuevos proyectos. Reducción de costos y espacios más ecológicos, los beneficios.

A principios de este año las redes sociales dieron a conocer un barrio argentino que va a ahorrar hasta el 30 % de sus costos de energía. El proyecto, que es más un piloto, ubicado en la ciudad de San Luis —a ocho horas de Buenos Aires—, consta de 35 casas y se basa en un concepto que muchos tachan de moda o tendencia, pero que, según los expertos, es el uso correcto de los principios básicos de la arquitectura: la bioclimática.

Al menos ese es el punto de vista de Howard Villarreal, arquitecto especialista en desarrollo sostenible, quien agrega que se trata de “hacer arquitectura como debimos hacerla siempre”. Es decir, basada en el aprovechamiento y respeto de las bondades del entorno como la brisa y el sol. Flavio Romero, presidente de la Sociedad de Arquitectos de Colombia, señala que al diseñar una construcción de esta manera se “genera un hábitat saludable y agradable sin desperdiciar muchos recursos”.

Así, por ejemplo, se pueden aplicar soluciones como construir una casa según la posición del sol para calentarla e iluminarla, o diseñar ventilaciones cruzadas para aprovechar las corrientes de aire de la zona y mantener una temperatura fresca en su interior. A esto, dice Romero, se suma el uso de materiales que potencian las características de la estructura. Se trata, principalmente, de cubiertas y paredes que pueden proporcionar aislamiento térmico y acústico, generando una experiencia de frescura sin importar la temperatura exterior.

Algunos ejemplos son los muros tipo sánduche, que tienen una capa central con frescasa, poliuretano o icopor, que contribuyen a retener un poco el calor y el sonido. En cuanto a los techos, la tendencia son las cubiertas verdes, que los forran con vegetación y protegen con impermeabilizantes y gravilla para retener el calor. Asimismo, están los concretos permeables, que permiten el ingreso de agua al subsuelo y hacer más frías las superficies, o los gramoquines, que dejan espacio para que el césped pueda sobresalir. En el caso de las ventanas, se destacan los vidrios con cámara de aire en el medio o las láminas que protegen de la radiación solar. Si lo que se busca es combatir el clima frío, materiales como los adoquines son perfectos, mientras que para el calor se recomiendan tablones.

De esta manera se evita el uso de soluciones como calefacciones y aires acondicionados, que no son tan recomendadas por su consumo de energía. También están teniendo bastante acogida duchas, sanitarios y lavamanos ahorradores o paneles solares, todos instalados en las 35 casas de San Luis. Dichos hogares están ubicados de norte a sur, pues los paneles no son los únicos que aprovechan la energía del sol, también lo hacen los equipos termosolares que calientan el agua. Las estructuras, además, usan luces led y un sistema de forestación endémica para ofrecer sombra en verano e invierno. Villarreal señala que esta forma de edificar es más antigua de lo que se cree y que todavía se pueden observar ejemplos en las construcciones de los pueblos indígenas, “que son muy respetuosos de la naturaleza”, así como en el interior de la región Caribe.

Un ejemplo moderno es el Bio-Hotel Organic Suites, en Bogotá, que genera buena parte de la energía que usa, tiene sistemas para reciclar sus aguas residuales e incluso cuenta con la certificación internacional LEED de Liderazgo en el Diseño de Energía y Medioambiente. Por otra parte, está el proyecto de adaptación del barrio Boston de Cartagena, con el que se espera hacer mejoras para mitigar y aprovechar las inundaciones que son comunes en la zona.

Aunque Colombia está avanzando en este frente, Romero asegura que falta mucho camino por recorrer, sobre todo en materiales accesibles, pues a pesar de que existe una amplia variedad, siguen siendo muy costosos para el público general. También se necesita un cambio de filosofía. “Factores como la explosión inmobiliaria provocaron que nos olvidáramos de estos principios tan importantes”, concluye Villarreal.

Fuente: El Espectador