Arquitectas opinan sobre las mujeres

El 16 de junio de 2016, la Sociedad Colombiana de Arquitectos – SCA, por iniciativa de los arquitectos Flavio Enrique Romero Frieri, Presidente Nacional, y Ricardo Navarrete Jiménez, Expresidente Nacional, convocó a varias arquitectas de diferentes regiones del país para escuchar su opinión sobre el desempeño de la mujer en la arquitectura. Tomando en consideración el estimado de cerca de 22.000 arquitectas registradas en el Consejo Profesional Nacional de Arquitectura y sus Profesiones Auxiliares – CPNAA, la visibilidad del trabajo que ellas realizan contrasta con estos números, y por ello se quería escuchar su opinión sobre el tema. Atendiendo esta inquietud, cada una de las profesionales asistentes expuso su criterio y al final se decidió que era de suma importancia recoger estas intervenciones, de tal modo que se pudiera impulsar una discusión sobre el tema
en el país. A continuación se presentan algunos de los puntos de vista de las asistentes.


“Más allá del tema la profesión de arquitecta”
Claudia Carrizosa / Arquitecta

Yo creo que hay una mirada distinta de la arquitecta a los recintos urbanos o los espacios donde se desarrollan actividades. La mujer fue la primera “arquitecta” en distribuir y habitar los espacios. En la época de las cavernas, ella era dueña del espacio de la vivienda y de su entorno. Lo distribuía. Hacia adentro conformaba el hogar, donde educaba a los hijos, y hacia afuera socializaba con sus pares yenseñaba a su familia a socializar. Esto es muy importante, porque además de gobernar el espacio, fue la primera educadora en compartir y socializar en espacios comunales. El hombre, mientras tanto, salía a cazar, se medía como retador, competitivo. Era el proveedor de alimentos.
De ahí se desprende una manera distinta de percibir el espacio. Por eso en los procesos urbanos que afectan el hábitat o la construcción y calidad de vida de su entorno, encontramos que la mayoría de los líderes comunales son mujeres. La naturaleza solidaria y responsable de la mujer le imprime una mirada distinta a la convivencia. Uno podría decir que cuando los arquitectos diseñan y construyen viviendas se inclinan más por la racionalidad, la forma y los materiales. Con otra perspectiva, las arquitectas diseñan y construyen hogares, y por lo tanto se inclinan más por la calidad de los espacios y los detalles. Así mismo, podría analizarse que mientras los arquitectos ven, diseñan y construyen espacios públicos, las arquitectas ven, diseñan y construyen espacios comunales. Las mujeres tenemos miradas distintas, en especial en la convivencia. Llevamos más tiempo haciéndolo. Es quizás por esta razón que estamos llamadas a participar más activamente en la construcción de ciudad. El asunto es interesante. Su análisis va más allá del tema la profesión de arquitecta y supera el espacio de esta cuartilla.


“La cuestión de la doble jornada no se ha resuelto de manera contundente”
Marisol Dalmazzo / Arquitectura, urbanismo y género

Reconociendo que las mujeres arquitectas tienen las mismas capacidades de loshombres arquitectos, en mi concepto y en el de investigadoras que vienentrabajando por la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombresen la sociedad contemporánea, la menor participación de ellas en el ejercicio de cualquier profesión se explica por la dicotomía que les representa cumplir con los distintos roles social y culturalmente asignados, como la realización de las labores de madre y cuidadora de las personas dependientes (hijos/as, personas mayores, personas con discapacidades), en paralelo con las responsabilidades profesionales o de generación de ingresos.
Aunque las mujeres se han incorporado de manera creciente y sostenida a la población económicamente activa, y a pesar de los avances en sus derechos, se enfrentan a una serie de limitaciones debido a que la llamada doble jornada no se ha resuelto de manera contundente, ni en el plano familiar (distribución de tareas con los varones de la familia), ni en el plano de la responsabilidad del Estado con la economía del cuidado, que debería expresarse en políticas sociales compensatorias y en la planeación y el diseño de las ciudades considerando la dotación y la distribución equilibrada en el territorio de servicios de proximidad y equipamientos de cuidado de personas dependientes, junto a un servicio público de transporte eficiente, que alivie y redistribuya dichos recargos.
Persiste, además, una mirada androcéntrica en la sociedad, que otorga mayor valor a las creaciones de los arquitectos varones. Es necesario por lo tanto adelantar desde la SCA distintas acciones que permitan resaltar de manera especial la labor de las arquitectas en Colombia, como por ejemplo la publicación de sus diseños y obras más destacadas. Existen algunas iniciativas en el ámbito internacional, entre las que destaco los siguientes enlaces: International Archive of Women in Architecture-IAWA y Un día una arquitecta.


“La arquitecta lleva consigo su propio bagaje”
Beatriz García Moreno / Arquitecta Ph.D. Docente e investigadora

La arquitectura es una disciplina que requiere, en su concepción y producción, tanto de la razón como del envolvimiento del cuerpo en su capacidad sensorial y en el saber, generador de la geometría que entraña, fundamento de los espacios y de las formas arquitectónicas; en las escalas de lo público, lo privado y lo íntimo.
La vinculación de la mujer a la esfera pública se ha dado de manera masiva, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, hace menos de cien años, cuando se integra al trabajo y a los diferentes campos de la educación y la práctica profesional, entre ellos la arquitectura. Más al vincularse a los espacios públicos, que a través de la historia han sido construidos por el hombre, la mujer lleva consigo su propio bagaje, modelado en los espacios privados e íntimos donde ha desempeñado su papel en la sociedad. Su talento como administradora de la vivienda, de conventos, colegios y hospitales, la ha dotado de un saber especial que ella pone en función de modo ejemplar y cuidadoso donde se requiere su capacidad. Esto lo demuestra cuando se desempeña en los cargos administrativos requeridos en diferentes ámbitos del hacer arquitectónico. Además de esta destreza, su conocimiento de los espacios de la intimidad, logrado por su experiencia del propio cuerpo, a través de la maternidad cuando se convierte en morada y del papel jugado en la crianza de los hijos y el cuidado de la enfermedad, la dota de la capacidad de convertir las geometrías abstractas en lugares habitables donde el detalle cobra fuerza y cuya potencialidad para ser habitadas se expande.
La sociedad tendría que dotar a la ciudad de equipamientos destinados a las funciones que antes se cumplían en la vivienda, para permitir e impulsar a las mujeres a tener un desempeño más visible y destacado en la profesión.


“Sigue siendo la gran ausente”
Olga Inés Jaramillo / Arquitecta SCA Pasto

La mujer ha sido y sigue siendo la gran ausente en la arquitectura, profesión que ha estado controlada por el género masculino. Cuando nos queremos identificar con el espacio, la vivienda y la ciudad nos encontramos sin historia ni referencia, viviendo así un espacio impuesto. Debemos tener en cuenta las distintas realidades sociales y culturales de la mujer, que ha sido excluida, y cuyas ideas se han silenciado y negado bajo aquellas dominadas por los conocimientos masculinos.
A veces, la mujer se ha visto marginada en el campo del trabajo porque estamos en un país dominado por el hombre y se deja a un lado el trabajo de la mujer arquitecta. Tanto entre los colegas como entre el personal de obra, hay cierto rechazo porque no quieren que sean mujeres quienes los dirijan y tomen las
decisiones.
La participación de la mujer en la arquitectura, por su mismo rol de madre, esposa y profesional, se ha visto muy limitada por la necesidad de cumplir con múltiples labores tanto en el hogar y la educación de los hijos como en el trabajo, lo cual a veces hace que pase inadvertida. Por eso durante muchos años fue escasa la participación de la mujer en el desarrollo de la arquitectura.


“Potencializar sus talentos y manifestar sus aspiraciones”
Brianda Réniz Caballero / Arquitecta urbanista

El papel de la mujer en la arquitectura es el mismo del hombre, pero sus visiones son diferentes. Desde el aspecto cultural, la perspectiva de cada uno de ellos es distinta, pero esto, en lugar de representar un inconveniente, es un complemento que le abre un mundo de posibilidades al ejercicio de la arquitectura. La mujer tiene una gran influencia en la familia y por consiguiente en la sociedad, lo que a la vez le agrega valores muy importantes al ejercicio de la arquitectura, como la responsabilidad, la organización, la creatividad y la intuiciónpercepción, entre otros no menos importantes.
A la fecha, la mujer ha ganado numerosos y significativos espacios como profesional de la arquitectura, pero todavía no es suficiente; falta mucho. La costumbre social y cultural de verla como compañera del hombre, dedicada al hogar y a la crianza de sus hijos, no la visualiza como arquitecta, ni celebra de la misma forma sus logros profesionales.
La arquitecta del siglo XXI tiene hoy un reto: debe consolidar todo lo que ha ganado en su condición de esposa, madre y ama de casa, y como forjadora de valores, en una fuerza interior que la motive, le permita ganar visibilidad en el campo que se desempeñe y le brinde la oportunidad de potencializar sus talentos y manifestar sus aspiraciones sin temor a que se desconozcan sus logros. Solo así puede llegar a una completa realización como mujer, profesional y arquitecta. ¡Ese es el reto!


“Que propongan cambios urbanísticos y arquitectónicos que rompan brechas de género”
Mónica Sánchez Bernal / Arquitecta, magíster en Arquitectura de la Vivienda Secretaría Distrital de la Mujer de Bogotá

Los estereotipos sociales han asignado a las mujeres roles domésticos y reproductivos. Salir al espacio de lo público, desempeñarse en profesiones como la arquitectura y el urbanismo y ejercer la ciudadanía han sido conquistas logradas a contracorriente. La búsqueda de un pulso propio ha convocado a algunas arquitectas a preguntarse por la mirada plural y las propuestas diferenciales en razón de la experiencia vivencial del habitar y en su práctica proyectual como diseñadoras. En ese sentido, uno de los roles que corresponde a las arquitectas, y que contadas asumen, es analizar los espacios y escenarios diversos que permiten comprender los efectos de la planeación, el diseño y la construcción de las ciudades y de la vivienda en las mujeres y niñas.
Identificada la incidencia, positiva o negativa, que se deriva de la formulación e implementación de estos procesos en la vida cotidiana de las mujeres, ello nos exige a las arquitectas orientar, con base en criterios técnicos determinantes, los Planes de Ordenamiento Territorial, de desarrollo municipal y locales de manera coherente con las dinámicas espaciales características en sus modos de habitar.
La abstinencia de territorios y horarios, voluntaria o involuntaria, por percepciones o por hechos sufridos por las mujeres, evidencian el llamado para abordar esta perspectiva y para que las arquitectas asuman el desafío de proponer cambios urbanísticos y arquitectónicos que rompan las brechas de género existentes ligadas a la planificación urbana y rural.
Otro rol que compromete a las arquitectas, especialmente a las del ámbito académico, es seguir a sus pares, reconocer y revalorizar a otras arquitectas en su visibilización y a la arquitectura transformadora producida o motivada por mujeres, a fin de estudiar pulsos e impulsos de una orilla poco explorada en un hacer específico también válido por su autenticidad, intereses, preocupaciones y soluciones. Pensar e intervenir las ciudades construidas desde una actuación ética-política sorora es un camino al cual estamos convocadas las arquitectas para posicionar y aportar efectiva,decidida y activamente a las demandas, requerimientos y querencias de las mujeres en cuanto habitantes de los territorios.